viernes, 30 de julio de 2010

Sería el tibio aroma del aceite....

Susurros, palabras, ruegos, suspiros, y sentir una y otra vez cada uno de sus poros estallando, abandonándola en cada una de esas pequeñas muertes hasta dejarla exhausta, sudando, temblando, feliz..... e inesperadamente asustada al mismo tiempo. Se sorprendió al sentir que le ahogaban la presión de unas tristes lágrimas que amenazaban con estropearlo todo como el granizo en una tarde de verano, como una mancha de moho en tu rincón preferido, como un coche mortuorio en el camino de tus vacaciones....
Unas agoreras y etílicas pero sinceras palabras resonaban en sus oídos y, aunque lo intentaba una y otra vez no podía acallarlas: -Te voy a hacer daño-. El escalofrío que la recorría al evocar aquel recuerdo era de una naturaleza muy distinta. Era como una losa pendiendo de un hilo sobre su cabeza.
Y sin embargo, en aquel momento era feliz con él, con ella, y el aroma dulzón del aceite.....

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